FINAL DE LOS ALARDES
(Al llegar la procesión a la puerta de la Iglesia dirá el General cristiano):
A vos San Miguel glorioso, capitán del cielo Empíreo, pues con vuestra sacra ayuda este día
he convertido a tanto moro que errantes andaban por mal camino y hoy se rinden humillados a
la ley de Jesucristo.
Perdónales sus errores, también a nosotros mismos que si obtenemos tu gracia, que es la de
astro divino, se aterraran de mi brazo turcos..., herejes..., judíos...
(Décimas para la oficialidad de los contendientes).
1ª.- Querido pueblo atención clero y el Ayuntamiento, que os mostrais tan atentos inspirados
de fervor, dignaos oír el loor que el vencedor y vencidos, los últimos convertidos dirigen a
su patrón, símbolo de religión, de fe, esperanza y alivio.
2ª.- Sí Gloriosísimo Miguel; tu fe, virtud y valor, emprendieron con valor, la lucha contra
Luzbel. ¡Venciste...! así a tus pies representa la inmundicia el pecado y la malicia hecha
polvo por tu espada, que debe ser imitada por todos con gran malicia.
3ª.- ¡Sí Arcángel venerado por tu pureza envidiable te concedió Dios, afable, de que fueras
coronado! Oye al pueblo que humillado hoy bendice tu hermosura por ser fuente de agua pura,
un balsamo deleitable, de religiosos amable del pecador sepultura.
4ª.- Y esta, la primera vez, que todos, en fe deshechos, ofrecen y abren sus pechos al Arcángel
San Miguel; ¡Oh padre! Supremo ser! Mandanos el corazón y aviva nuestra memoria. ¡Sé tú
celeste mansión!
5ª.- Para el General cristiano
¿Habrá cosa, más hermosa
que alabarte, Serafín? Tus mejillas son carmín matizadas, cual las rosas; así tu frente
espaciosa con estos ojos de encanto, producen el dulce llanto que nos inspira el consuelo.
Y ¿cómo no? Si en el Cielo te envidian todos los santos.
6ª.- Para el General Moro:
¡Oh, Arcángel este séquito afable, humilde y romantico, te eleva piadosos cánticos, como
General de Ejército: concédenos mil estímulos, que sea nuestra vida una péndula cual de
seres metafísicos entonando himnos divinos.
7ª y última para el General cristiano
Y los que habéis presenciado nuestro humilde y pobre Alarde, tened indulgencia grande pues
somos aficionados. En cambio habréis encontrado una tierna devoción, nacida del corazón de
estos tristes lugareños, que aman con fe, a ese risueño Arcángel, que es tu Patrón. Hermano
General: casa ese alfanje y levanta tu voz, que ya eres libre y ayuda a decir ¡viva Abengibre!
¡y que sea con vosotros el Arcángel!
General Moro
Te ayudo con el alma ¡viva el pueblo de Abengibre, viva San Miguel Arcángel!
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