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 © Rosa Mª Montero Cebrián
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EL GALINCHE

Se trata de un juego de habilidad y buena puntería cuyo objetivo era ganar las monedas apostadas por el resto de los contrincantes.

JUGADORES:

  • Mínimo dos jugadores y no hay límite máximo, cuantos más mejor. Generalmente eran 5 ó 6.

  • Solían jugar desde los mozos de 15 ó 16 años, que ya tenían algo de dinero, hasta hombres que habían hecho la mili.

MATERIALES:

  • Un cartucho vacío o una caja de cerillas
  • Monedas (todos debían poner la misma cantidad)
  • Tejo (trozo de cerámica, teja o similar)
  • Tiza

PROHIBICIONES

  • Nadie podía adelantarse de la raya de tirada

JUEGO:

Para empezar se preparaba el galinche: se ponía en el suelo un cartucho vacío o una caja de cerillas, sobre los que se debían colocar las monedas de todos los jugadores. Normalmente era una perra gorda (10 céntimos) por cada uno.

Preparado el lugar de juego, se debían establecer los turnos. Se hacía una raya en el suelo y todos los jugadores se colocaban a unos ocho o diez metros de la misma, desde donde debían lanzar los tejos. Los turnos para jugar se establecían en relación a la proximidad de los tejos a ésta: el que más se acercaba a la raya era el primero en jugar y así sucesivamente.

Para que el primer jugador no tuviera ventaja sobre el resto, se ponía el galinche a una distancia muy considerable, entre unos 15 y 20 metros, y no siempre los primeros tiradores acertaban a darle al galinche. Todos tiraban desde la misma línea que era la misma que habían utilizado para establecer el turno de tiradas.

Una vez establecidos los turnos, el primer jugador cogía los tejos de todos y, tras situarse en la raya de los turnos, los lanzaba uno a uno contra el galinche, con la finalidad de separarlo de las monedas. Tras tirar todos los tejos, los jugadores se acercaban para actuar de árbitros, ya que debían comprobar las distancias en que habían quedado los tejos respecto a las monedas y al galinche. Si uno o varios tejos quedaban más cerca de las monedas que del galinche, el jugador que tiraba ganaba esas monedas y las retiraba del juego.

Si alguna moneda quedaba más cerca del galinche o si todavía quedaban monedas, entonces el segundo jugador, sin tocar las otras monedas ni al galinche, recogía todos los tejos y los lanzaba a las monedas que seguían esparcidas para llevarse el mayor número posible.

También podía darse el caso de que el jugador anterior no hubiera atinado al galinche y las monedas estuvieran aún sobre éste, de modo que tendría que lanzar los tejos para tirar el galinche. Así seguían jugando mientras quedaran monedas. Como es de suponer los últimos tenían menos posibilidades de ganar, pues para eso se establecía el turno.

Cuando no quedaban monedas, cada jugador posaba otra vez y se volvía a empezar.

Fuente: Juan Cuenca Cebrián

   
 
 
 
 
 
 
 
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