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Nacido a mediados del siglo XIX, Ángel Valera se encontraba prestando servicio militar en Madrid en 1868, fecha en que fue destronada la
reina Isabel II. Por orden de Don Rafael Monares Cebrián, que tenía gran confianza en él, acompañó a la reina desde Palacio
hasta la estación de trenes en su huída a Francia, haciéndola pasar desapercibida ante las
turbas amotinadas que deseaban su encarcelamiento.
La reina, en recompensa a tan gran lealtad, le entregó un anillo pidiéndole que si alguna vez
volvía a España, se presentara ante ella y le mostrara el anillo para poder recompensarlo
debidamente.
Vuelta la normalidad, se presentó a su Majestad, quien le concedió el título de Caballero
Cubierto Ante el Rey, permaneciendo en Palacio hasta su fallecimiento.
El pueblo de Abengibre, le dedicadó una calle como Hijo Ilustre de la localidad.
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