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Primera parte de los Alardes

Llegada la procesión al sitio del 1º alarde, el General ordena las tropas en 2 alas, frente a la Imagen; teniendo a su lado izquierdo al embajador, y después de la correspondiente reverencia al Patrón, se vuelve a las tropas, con voz fuerte y pausada dice

General Cristiano

¡Soldados míos: Os saco a aqueste campo para que presenciéis la ardiente fiesta que al Arcángel dan nuestros hermanos! ¡Vedlo hermoso y radiante, cual planeta que destella en los ojos del cristiano. Y ved al pueblo, sonriente y tierno, cual luz reflectora de los astros!

Ya que las guerras quedaron terminadas y en España ha habido, ni un quebranto, sin duda por la espada de ese Arcángel a cuya intercesión debemos el milagro...

(En esto se oye un tiro a lo lejos, disparado por los moros, lo que da motivo a que el General cristiano saque un anteojo, lo dirige al Castillo y continúa)

Pero... ¿qué veo? ¡soldados!... ¡un castillo!... ¡humareda...! ¡Son mahometanos...! ¡Qué atrevidos...! venir a colocarse tan cerca... y con orgía en nuestro radio! ¡Oh , Embajador...! seríamos pequeños si permitiéramos, mas como cristianos, que esa turba insolente pise el suelo y erija monumentos en el campo que defendieron, sí, nuestros abuelos, con honra y gloria.
Id con un vasallo y prevenid a esa turba indigna que, si dentro de un brevísimo plazo... cinco minutos..., no van despavoridos a rociar sus valles africanos con las lágrimas, sí, de su vergüenza, huyendo del furor de los cristianos, iremos presurosos; y al momento quedara reducido en nuestras manos todo a polvo, que, veloz el viento... dejara repetido al firmamento para eterna lección del africano.

Embajador cristiano

¡Oh! Qué orgulloso, General, me siento al ser yo portador de su sentencia. Siento en el Alma, no tener paciencia ¡cuanto me alienta sus presentimientos!; y... ¡cuanto, no diré, a la presencia de esta turba soez tan sin memoria!
¿Habrán olvidado aquella gloria que en el año sesenta conquistamos, demostrando, ante el mundo, quiénes somos como hombres, Españoles y cristianos?
No queda duda; el asunto es obvio: ¿si en su patria quedamos victoriosos, saldremos en la nuestra derrotados?...
No es posible. San Miguel glorioso: tu valor y tu espada nos alienta!
Adiós mi general: hasta la vuelta.

(El embajador parte al galope hacia el castillo de los moros. Esos le salen al encuentro y después de un breve rato se viene con el Embajador moro)

General cristiano

Valerosos soldados: Doy alerta mientras tanto que viene la embajada; no se caso, nos den, una emboscada la infamia y ceguedad de aquella secta. Entre tanto, rendíos, mis valientes; y al Patrón pedidle, con vehemencia, nos conceda de su omnipotencia heroísmo y valor: Esa fe ardiente que tanto enaltece al buen soldado, y que, en esta ocasión necesitamos, para haber de vencer a esos dementes si, nuestro Patrón, tiende su brazo sobre estas tropas que a tus pies se humillan y forma de este pueblo una familia ligada toda en fraternal abrazo!

Así cual tierna madre, en su regazo acoge con fruición y amor prolijo las súplicas y caricias de sus hijos, así, tú, cual padre cariñoso, acoge mis plegarias; dad consuelo; mira postrado tu amantísimo pueblo que sin paz camina proceloso a un abismo perdido en el vacío:
Y del cielo, cual gotas de rocío, deja caer sobre el pecho de tus fieles ese néctar, que llena de laureles y conforta la fe del Cristianismo
¡Así lo espero Arcángel glorioso; nuestra fe llegara a la sepultura; y con tu sacra ayuda... alcanzaremos, no sólo vencer los sarracenos, si no darnos paz, dicha y ventura! Así lo pido, juntamente con el Clero, que a su rebaño guía para el cielo.

Y vosotros, soldados valerosos, no dudéis la victoria; estad seguros que la fe en la guerra el mejor muro y el mejor galardón en toda lidia.
Despreciemos la muerte! ¿Qué es la muerte? Fin de un principio, en que con calma, solo allí se consigue, eternamente... ¡Sueño sublime... dichosa paz del alma!

(PAUSA)

Levantaos, soldados diligentes... y contad, de seguro, con la gloria que alcanzó a nuestros padres; la victoria, de arrojar para siempre aquellas huestes.

Embajador cristiano

Mi general... ¡regreso muy rendido de evacuar el asunto confiado: desatentos y bruscos he encontrado los fieros sarracenos. ¡Oh! Qué impíos han querido mostrasen atrevidos contestando con audacia fiera, que vendrán, y en medio de una hoguera quemarán los santos y a estos fieles sirviéndoles las llamas de laureles.
Tanto es así, Señor, que ahora mismo oiréis su Embajador; y yo os ruego... desoigáis su imprudencia, y desde luego, vayamos y que bajen al abismo.

(El general cristiano hace signos afirmativos y el Embajador cristiano se retira a un costado para que pase el Embajador moro, el que, previo el oportuno saludo, principia con tono imprecativo la siguiente relación.)

Embajador moro

¡Oídme, señor, pues que, Tarif Arganto, pronuncia por mi boca su sentencia! Oír no puede con indiferencia. Que de Mahoma, su Alcorán santo, se quebrante y se ultraje; con bultos que fueron ramas y follaje y hoy pesada madera que tributan.

¡Oh... Señor! ¡Los aborrece! En el instante ordena a esas tropas humildes, que condenas a una muerte segura, y que obedecen, que Mahoma es el Ser creador de todo; que castiga a los que hacen un desprecio tan vergonzoso, atrevido y necio, cual lo hacéis vosotros de ese modo, así Tarif, mi señor, a ti me envía, mensajero de la paz; y en este día, si aquesos santos no arrojáis al fuego, o tiráis, despreciándolos al suelo mediremos la fuerza de las armas.

General cristiano

¡Cómo!... ¿tirarlas?...

Embajador moro

Se perdió la calma, si tanto estimáis esas maderas... ya veréis arrojarnos, como fieras, sobre esos santos ridículos y muertos, dejando el campo de cadáveres cubierto. Sin embargo, aún tienes el camino que os he trazado en este instante; dejando las andas que lleváis triunfantes y tirad ese traje peregrino que os dejaron, errantes, los abuelos al meceros inocentes en la cuna.

Oye, cristiano, no hay otro consuelo para el hombre mortal que nuestra luna; ella es, escudo, contra todo vicio; ella es la cura de nuestros males; ella os librara de todo precipicio... y ella la paz a todos los mortales.

Con que, así, medita, buen cristiano y formula cuanto antes tu respuesta para dar otro aspecto a vuestra fiesta y a mi Jefe ofrecerle vuestra mano. Luego... ó resuelves con cordura... o mirad, allí, la sepultura.

General cristiano

Id, en buena hora, militar valiente, y decirle a Tarif que, el Dios supremo, quince mil hombres colocó a su frente para a su vanidad ponerle freno: y decidle, si, que muy sereno sus insultos recibe... este brazo impaciente.

Desde ahora todo el embarazo que trate de oponerse a nuestros cultos, depreciando altamente sus insultos quedara reducido a mil pedazos.

(Mientras tanto llega el General moro con su embajador, para lo cual sale al encuentro para dar cuenta de sus gestiones. El General cristiano se ocupa de dar disposiciones y colocar las tropas convenientemente para la batalla.)

El general cristiano

¡Oh! Embajador, seamos diligentes!

(Con voz fuerte:) ¡Que desfile cuanto antes la vanguardia! Al castillo mucho ojo; y que la guardia se redoble a la izquierda, prontamente.

Embajador cristiano

Los cañones al llano. Aquella altura cogerla, y poned nuestra bandera. Y... no temáis; las huestes sarracenas pagaran con su sangre su locura.

General cristiano

Aún vienen en busca de aventuras... las tendrán; pues presiento según late mi corazón, que al tiempo del combate, vuestro heroísmo sellara en las historias... nuevos florones, páginas de gloria.

(En esto llegan los moros al cuerpo de guardia con su General a la cabeza el centinela se adelanta dos pasos y les dice).

El centinela

¡Alto!... ¿Quién va?...

General moro

¡Vaya un mandria! Vengo al parlamento, sin desorden.

El centinela

Pues alto que pase la orden...
Mi general: ¡Los sayones en la guardia. Vienen muchos... San Miguel nos valga!

General cristiano

Tanto mejor, ¡adelante, mahometanos!

General moro

Alá te guarde, General cristiano: ¿Qué impulso ha movido tu embajada? ¿Creías, acaso, que mi armada huiría fugitiva de un tirano, General orgulloso, fatuo y vano como vos...? ¡vaya una bobada! ¡tener valor de venir a esta explanada con descaro brutal haciendo alarde de supremo poder!... ¡viles cobardes!

¿Habéis adquirido valor tanto con vestir de reliquias a esos santos? ¡Santos les llaman! ¡Válgame Mahoma! Poco importa los roa la carcoma... o destruya el fuego de la guerra. ¡Parece mentira, que haya aquí en la tierra hombres de luces, que adoren con espanto, trozos de pino, a que llaman santos.

Oye, cristiano, toma otro camino; modera tu furor, tu fantasía; ¿No ves, que es todo hipocresía y falacia evidente? ¡desatinos... no hay, general, mas poder divino... padre de todos y autor de esa gran obra, que, el que hizo el Alcorán, el Dios Mahoma que allí adoramos, sí, en nuestro castillo.

¿Le convenceré, Mahoma, a este insensato cristiano que viene a turbar la paz de este sosegado campo? ¿Cómo, delante del trono del gran profeta sagrado, estáis dando adoraciones pomposas a este retablo? Que, ¿por ventura, ignoráis de Mahoma el poder alto y que a su suprema ley todos debéis sujetaros?

Sois rebeldes; pues ya os dije con mi buen parlamentario que estabais pisoteando el supremo Alcorán, sabio; y siendo yo de Mahoma un califa y fiel vasallo, jamas os permitiré holléis su nombre sagrado.

Demasiado os lo prevengo... pues que no merecéis tanto. Luego, al punto, esos maderos al suelo habéis de arrojarlos; y aquellos grupos de gente deshaced, y que, cantando inunden montes y valles al Dios Mahoma alabando. Esto haced; si no, a este alfanje temed, por que si descargo sobre vos, el fatal golpe os reduciré a pedazos.

General cristiano

¡Oh Arcángel San Miguel! ¡Oh Dios divino! ¡Que dejéis proferir tanta herejía!... con que ¿decís que es todo hipocresía y este culto y creencia desatino? ¡vaya que elocuencia!... ¡vaya un tino de fatuo general mahometano!

¿Has perdido el sentido, muy villano, eligiendo por Dios tu media luna que auguró y cortó, con gran fortuna, la audacia perspicaz del gran soldado? Soldado que estudió la Astronomía y con esta hacía sus profecías. Este es, tú Dios, mísero pagano; aquel que tenéis entre columnas de acero, por cumplir su testamento haciéndole de imán su eterna cuna. Empero ¿para qué, mi Dios, perder momento con historia africana a estos dementes que sólo el fuego y las armas les convence?

General moro

¡Sólo el fuego y las armas! ¡qué inocencia demuestra, General, en este roto! ¿Sois vosotros ilustres literatos que hacéis alarde de poder y ciencia? Me hacéis dudar, General, en este instante que sea esta la patria de Cervantes. Tuvisteis muchos sabios que murieron con la gloria y la fama, que adquirieron escribiendo novelas, poesías, escritos ilusionarios, fantasías pero nada evidente: Ved tus leyes... tu moral y la industria, tu comercio, todo digno del mayor desprecio y nada aseguráis; hasta los Reyes los dejáis vacilantes en el trono!

¿Y vuestra Religión...? ni por asomo podéis compararla iluso, con la nuestra. Allí, General, no tenemos otra secta ni más bandera que la del Profeta. Mientras vosotros... unos protestantes; otros... ateos, muy recalcitrantes; otros muchos... impíos, materialistas; acullá otra escuela espiritistas, y tenéis tal baraja de creencias... que debierais llamarlas, en conciencia, y a vuestra religión altisonantes; (y os lo digo, cual lo estoy sintiendo, con frase española): capa de estudiante de abajo a arriba, llena de remiendos.

Ya lo oís, General, cristiano; suponiendo existiera Jesucristo, poco o nada, imitan a este mártir ni fieles, ni soldados, ni ministros! ¡Oh, Mahoma, mi Dios, que hagan alarde de humildad y piedad los españoles, cuando pasan al Templo a solazarse y toman por orgía las procesiones...!

A estas vienen las damas, con mil trajes, a lucir sus raros y ridículos encajes... flores y cintas... como por encanto... y a todo miran... menos a los Santos! No pasa, así, cristiano, en nuestros ritos; con el fondo del alma nos postramos, con los pechos abiertos y contritos, en alas de la fe nos remontamos al lado del gran Dios, el Dios prolijo, que nos tiende su mano en todo el orbe y desde el cielo a la tierra todo absorbe.

Desde el Asia a La Meca, medio mundo, cuajado y repleto de seres racionales cual un solo hombre, todos, sin segundo les damos el ejemplo a los mortales: sin tener más Dios, que el Dios Mahoma antes y después, sin otras ceremonias. Y lo mismo en la Meca, que en el Asia, que en la tórrida zona que en Turquía sólo tremola la bandera verde, que bordada con oro y pedrería, allí ciframos nuestra última mirada; allí dejamos nuestra última alegría... y cual sol, sin rival, es nuestra Luna que muy tiernos abrazamos en la cuna.

Presiento, General, que este relato apreciaras mejor en breve rato... pues, no dudes, que si esto no bastara y apeláis a las armas altanero, justamente buscaba yo eso mismo y, pues, quieres hundirte en el abismo que a todos os abrirá mi ardiente acero, prepara tus soldados valerosos... ¡ya verás quién queda victorioso!

¡Sarcasmos...! mi corazón henchido de un fuerte enojo no puede oír mas; mis ojos... mirarte sin gran furor! ¡Atrevido... osarte hablar contra el Patrón más glorioso... punto que no es forzoso con la espada declarar; mas antes quiero que veas cuan errada es tu osadía pues despreciando la vida a la muerte te condenas.

¿Qué incauto te ha seducido? La religión nuestra abraza y es asunto concluido, mas si insistes temerario en disparados empeños... ¡testigos serán los cielos del estrago de este rayo!

General moro

General, antes daría toda mi alma y corazón, que, abrazar tu religión basada en la hipocresía.

General cristiano

¡Oh, cuánto, moro, te engañas con no admitir mis ofertas... son públicas mis hazañas; y aun cuando así no lo fueran, quedaran bien demostradas, en la presente ocasión con estos guerreros fieras henchidos de devoción.

General moro

¡Cavilas! ¡Vamos con ellos...!

General cristiano

Aquellos puntos cogedlos...

General moro

De poco te servirán.

General cristiano

No confíes en tu Alcorán, que nos queréis deshonrar.

General moro

¡Me quema este militar...!

¡Sarracenos: con furor, comeos el corazón, de toda esta gentualla...! ¿Qué son ellos...?

Contestan los moros todos

¡Vil canallas de aparente devoción!

General cristiano

¡Cavilas, nuestra es la acción; vencimos en la batalla! ¡Herido está el General...! Esto en la guerra es usual. ¡Oh, Tarif, que hirió tu alfanje; y yo no siento mi muerte, solo, sí la mala suerte que va a sufrir nuestro Arcángel!

¡Soldados ninguno...! Ninguno avance que traman una emboscada. ¡Ganaremos aquella altura...!

General moro

Ya pagaste tu locura. Seguídle la retirada, muchachos, pasos atrás coger los troncos de pino llevarlos para el castillo que allí los vais a quemar.

Y, ahora, vitorear diciendo ¡viva Mahoma! ¡viva nuestro musulmán, y el Ejército con honra!

FIN DEL PRIMER ALARDE

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