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Los Mayos

Una tradición casi perdida en Abengibre cuyo origen se remonta a la época romana y que festeja el inicio de la primavera y el cortejo de los jóvenes

Origen de los Mayos

La génesis de las fiestas de Mayo, asociadas éstas a las fiestas primaverales, se puede situar en tiempos remotos puesto que hallaremos pocos pueblos primitivos o culturas que no iniciasen, al principio de la primavera, algún tipo de ceremonia, celebración festiva o ritual dando gracias a los dioses por la nueva fertilidad de la tierra, por la renovación de la Naturaleza en todo su esplendor; asociándose así este mes a la fecundidad. Estos “festejos” podían hacerse con sacrificios, cantos, danzas, ofrendas, sobre todo florales, etc.

Los datos o referencias documentales más cercanas y directas que poseemos se remontan al Mundo Clásico, Grecia y Roma, y a la cultura céltica, por ser éstas la base de nuestra cultura.

En cuanto a la fiesta en sí, otros autores como González Palencia y Melé, denotan la génesis de estas fiestas de Mayo como una supervivencia de las antiguas fiestas florales paganas dedicadas a la áurea Afrodita, a la que se dedicó el mes de Abril en que se manifiesta en toda la naturaleza la renovación del amor, dentro de una atmósfera primaveral, con una concepción licenciosa del amor atrayendo a jovencitas y mozalbetes a la danza y el culto.

En este sentido, vemos también remoto parentesco con las fiestas de la Diostria (entre san Jorge y san Juan) realizadas en Florencia, cuyo origen son los antiguos juegos florales y poéticos dedicados a Flora, divinidad de las flores y la primavera, cuyo fin era el emparejamiento de los jóvenes. Empezaba esta fiesta con una cabalgata por la ciudad en la que cada doncella, entronizada para representar al Dios Amor, tiraba flores. Mientras, los jóvenes, se dedicaban a la caza para el festín posterior. Una vez concluidos estos actos, todos confluían en la plaza de la Señoría para dar comienzo a la competición de poesía, cuyo ganador elegía una doncella hasta que todos quedaban emparejados.

La primitiva Iglesia Cristiana se vio incapaz de hacer frente a tan vasta tradición que servía de regocijo para la mayoría de las gentes. Además, estas fiestas florales y primaverales coincidían siempre después de una larga y rigurosa época de recogimiento, abstinencia y penitencia como es la Semana Santa, con lo cual, la población podía volver a demostrar su alegría y gana de vivir. De ahí que la Iglesia optara por su más constante tradición: la absorción, asimilación y “camuflaje” de otros cultos y deidades, para no romper bruscamente con toda una costumbre popular y ancestral, al mismo tiempo que conseguía aumentar el número de sus seguidores.

De este modo, este culto pagano, al sacralizarse o cristianizarse, pasó a ser un culto Mariano, transponiéndose así el mes de Maya al mes de la Santísima Virgen María.

Dos tipos de mayos: el profano y el religioso

En la actualidad, el proceso de cristianización de esta fiesta ha hecho que se distingan Mayos religiosos de profanos. Amplias son las conexiones entre ambos, ya que el religioso es una derivación del profano, pero también amplias diferencias, como veremos.

Mayo religioso

Suele cantarse el primero en la noche del treinta de Abril, a la puerta de la Iglesia o en ella. En Abengibre está dedicado a la Virgen, aunque en otros pueblos puede dedicarse a la Santa Cruz, a Jesucristo, al Santísimo Sacramento o a otros santos patronos como san Gregorio, san Isidro, san Miguel...

Los Mayos dedicados a la Virgen o a Jesucristo son, en palabras de Paloma Díaz-Mas, “contrafáctum a lo divino de Mayos profanos”, es decir, a la Virgen se la ronda como si de una moza más se tratase, terminando algunas canciones revelándole el nombre del mozo que le ha correspondido como mayo: San José, naturalmente. El resto de los Mayos religiosos, los dedicados a los santos, son más bien una especie de rogativas o súplicas para conseguir determinados fines.

Mayo profano

Dedicados a las mozas casaderas del pueblo, se cantan inmediatamente después de los dedicados a la Virgen, la noche del 30 de Abril. Están compuestos como un saludo al buen tiempo, una exaltación del mes y un elogio del cuerpo femenino y de la mujer en sí. Aluden también a la excitación de los sentimientos amorosos, por lo que se han llamado cantos de amor. Son, pues, los más ricos y vistosos.

Para cantarlos, los mozos partían en cuadrilla de la puerta de la Iglesia hacia las casas de las mozas para cantarles el Mayo a los pies de sus ventanas. Era costumbre que estas mayas permaneciesen escondidas tras las celosías o cortinas, sin asomarse, esperando que se pronunciase el nombre de su mayo. Se recorrían así todas las calles del pueblo aunque, como es normal, no todas las mozas eran visitadas.

Lo normal era que esa misma noche, nada más terminar el Mayo, el padre de la chica invite a todos los mayeros a dulces, pastas y vino. También puede darse el caso de que los mayeros acudan al día siguiente, el 1 de Mayo, a las casas de las chicas que han rondado la noche anterior para ser convidados.

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